Introvertido privado y extrovertido social. ¿O era al revés?
Como un gay de provincia al que le costó tener su historia de amor, escribo aquello que siempre que quise leer: novelas divertida, románticas y con finales positivos; pero lo bonito no tiene por qué estar reñido con lo erótico, por eso también escribo sobre hombres dándose fuerte y flojo, frungiendo, cajoneando, sonando como una carrera de chanclas…
Escribo desde los 13 años aunque me costó mucho llamarme «escritor». De hecho, a día de hoy, me siento más cómodo definiéndome como un «contador de historias».
Cuando no estoy escribiendo o leyendo, me gusta jugar a la play, montar lego y comer. Aunque si tengo que pensar en tres cosas que me vuelvan loco, lo tengo claro.
- El chocolate
- Dormir
- El material de papelería
Creo que todos los escritores estamos un poco mal de la cabeza, pero si además estudias psicología ¡ni te cuento! De verdad, no lo digo yo, lo hacen mis amigos y la gente que me conoce en privado.
Dicen que la locura y la creatividad van de la mano. Pensar esto me consuela.
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